South American Research Journal, 6(1), 15-22
https://www.sa-rj.net/index.php/sarj/article/view/94
ISSN 2806-5638
En la lectura de Rama, la máscara modernista
se vincula con un proceso de asimilación crítica de
modelos culturales dominantes. En El lugar sin
límites (1966), de José Donoso, el travestismo —
encarnado en el personaje de La Manuela— puede
interpretarse como una máscara que revela las
tensiones de género y clase en la sociedad rural
chilena, otorgando visibilidad a identidades
tradicionalmente marginadas. De modo similar, en
Antes que anochezca (1992), Reinaldo Arenas
recurre a la forma autobiográfica como una
máscara narrativa que permite denunciar la
represión del régimen castrista, transformando la
experiencia individual en un testimonio de alcance
colectivo. Por su parte, en El beso de la mujer
araña (1976), Manuel Puig explora la
performatividad del género como una máscara con
implicaciones políticas, donde el cine y el deseo
queer funcionan como espacios de resistencia
frente al autoritarismo militar. En sintonía con la
lógica propuesta por Rama, estas obras
desestabilizan discursos opresivos desde los
márgenes y demuestran que el enmascaramiento
puede operar como una estrategia tanto de
supervivencia como de emancipación.
Sin embargo, esta lectura liberadora de la
máscara entra en tensión con la advertencia
existencial formulada por Søren Kierkegaard. La
máscara puede implicar una forma de alienación
del sujeto respecto de su propia identidad. La
cuestión que emerge es si la máscara constituye un
acto de agencia o, por el contrario, una renuncia a
la autenticidad. En la obra de Donoso, por ejemplo,
el personaje de La Manuela encarna esta
ambivalencia: su travestismo puede leerse
simultáneamente como un gesto subversivo frente
a las normas de género y como una condición que
lo condena a la marginalidad social.
ficcionalizaciones— puede interpretarse como el
único medio posible para expresar una verdad
histórica marcada por la persecución política y
sexual.
Desde un enfoque materialista, Karl Marx
introduce otra dimensión crítica al interpretar la
máscara como un recurso ideológico que
contribuye a naturalizar relaciones de poder. En el
contexto rural representado por Donoso, el
patriarcado y el orden social dominante se
presentan como estructuras “naturales”, mientras
que la identidad queer de La Manuela aparece
estigmatizada como una anomalía. Este contraste
revela cómo ciertas identidades son legitimadas
socialmente mientras otras son marcadas como
artificiales o desviadas.
La ambivalencia de la máscara —entre
emancipación y alienación— encuentra además un
correlato
en
los
procesos
históricos
latinoamericanos. Como advierte José Martí, la
modernidad en la región fue “una época de
elaboración y transformación espléndidas […] el
tiempo de las vallas rotas” (1986, p. 25). Esta
imagen alude al colapso de estructuras coloniales y
a la emergencia de identidades fragmentadas que,
como los personajes de Donoso, Arenas y Puig, se
ven obligadas a negociar su lugar en un orden
social inestable.
Desde esta perspectiva, la máscara se convierte
en un espacio simbólico donde convergen lo
individual y lo colectivo. Como señala Castro
(2017), “la identidad, en tanto naturaleza
simbólica, aparece en el nacimiento mismo de la
máscara y no con el nacimiento biológico […] el
acto de travestirse se constituye como una forma de
construcción de una neosubjetividad” (p. 16). En
Antes que anochezca, esta lógica se manifiesta
cuando Arenas recurre a diversas máscaras
literarias —testimonio, autobiografía, ficción—
para evadir la censura y narrar experiencias que de
otro modo quedarían silenciadas.
La máscara se consolida en estas narrativas
como un mecanismo paradójico, un recurso que
oculta para poder revelar. Bajo contextos de
opresión política y social, el enmascaramiento
permite expresar verdades que el poder intenta
suprimir. Así, la máscara se convierte en un
dispositivo central para comprender cómo la
literatura latinoamericana articula experiencias de
resistencia y negociación identitaria.
Para Gianni Vattimo, “el problema de la
máscara es el problema de la relación entre esencia
y apariencia” (1974, pp. 11–12). Esta formulación
amplía el dilema planteado por Kierkegaard y abre
la posibilidad de pensar la máscara también como
una forma de constitución del sujeto.
Una perspectiva distinta se encuentra en la
obra de Friedrich Nietzsche, quien sostiene que
“todo lo que es profundo ama el disfraz” (1974, p.
5
54). La máscara deja de ser una simple oposición
entre verdad y mentira para convertirse en una
condición misma de la expresión. En Antes que
anochezca, por ejemplo, el relato autobiográfico de
El tránsito de la máscara entre lo colectivo —
asociado al modernismo y a los proyectos
Arenas
—con
sus
exageraciones
y
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