South American Research Journal, 6(1), 15-22  
https://www.sa-rj.net/index.php/sarj/article/view/94  
orders and forms of representation. The objective is  
to demonstrate how this symbol transcends its  
function of concealment to operate as a device of  
critical revelation in representative novels of the  
1960s and 1990s. Using a methodology of critical  
and comparative textual analysis, the works The  
Place Without Limits (1966), Kiss of the Spider  
Woman (1976), and Before Night Falls (1992) are  
examined. The main result identifies the  
ambivalence of the mask (hiding/revealing) as a  
central mechanism of resistance against oppressive  
regimes, a symptom of identity fracture, and a  
liberating performance. It concludes that the mask  
constitutes a fundamental key to understanding the  
literature of the period as a space of identity dispute  
and negotiation.  
El artificio de ser. La máscara como  
metáforaenlanarrativalatinoamericana  
TheArtificeofBeing:TheMaskasMetaphorin  
LatinAmericanNarrative  
Mishelle Encalada-Rogel1  
y Oswaldo Sebastián Ávila-Vinueza2  
1
Universidad Politécnica Salesiana.  
Universidad Península de Santa Elena.  
2
Recepción: 18 de febrero de 2026  Aceptación: 10 de agosto de  
2
026 Publicación: 15 de agosto de 2026.  
RESUMEN  
Keywords:mask,LatinAmericannarrative,identity,  
resistance, democratization.  
El presente trabajo examina la resignificación  
de la máscara en la narrativa latinoamericana del  
siglo XX, entendida no solo como un recurso  
estético, sino como una figura crítica que  
problematiza las formas dominantes de  
representación social e identitaria. El estudio  
analiza de qué manera la máscara deja de funcionar  
exclusivamente como estrategia de ocultamiento  
para convertirse en un dispositivo narrativo que  
permite revelar tensiones políticas, culturales y  
subjetivas en contextos de opresión. A partir de un  
análisis textual crítico y comparativo, se abordan  
las novelas El lugar sin límites (1966), El beso de  
la mujer araña (1976) y Antes que anochezca  
INTRODUCCIÓN  
La narrativa latinoamericana del siglo XX  
exploró la máscara como un recurso literario capaz  
de cuestionar tanto el orden social como las formas  
de representación. Más que un simple artificio  
estético, este símbolo adquiere significados  
diversos según el contexto histórico y cultural. En  
este trabajo, la máscara se entiende como un  
dispositivo narrativo y performativo mediante el  
cual los sujetos negocian su identidad frente a  
estructuras de poder, oscilando entre el  
ocultamiento y la revelación.  
El modernismo, analizado por Ángel Rama, ya  
había utilizado la máscara como una estrategia  
cultural de democratización simbólica frente a las  
jerarquías coloniales. Sin embargo, en obras  
posteriores como Antes que anochezca (1992) de  
Reinaldo Arenas, El beso de la mujer araña (1976)  
de Manuel Puig y El lugar sin límites (1966) de  
José Donoso, la máscara trascendió su función de  
ocultamiento para convertirse en un dispositivo de  
revelación crítica.  
(1992), atendiendo  
a
sus configuraciones  
narrativas, personajes y escenas clave. El análisis  
pone en evidencia la ambivalencia de la máscara —  
entre ocultar y revelar— como un mecanismo  
central de resistencia simbólica, expresión de  
fracturas identitarias y forma de performance que  
tensiona las normas sociales. En este sentido, se  
sostiene que la máscara constituye una herramienta  
fundamental para comprender la literatura del  
período como un espacio de conflicto, negociación  
y reconfiguración de identidades.  
En estas narrativas, la máscara puede operar  
simultáneamente como herramienta de resistencia  
Palabras clave: Máscara, narrativa latinoamericana,  
identidad,resistencia, representación.  
frente  
a
regímenes opresivos —dictaduras,  
homofobia o patriarcado—, como síntoma de  
fractura identitaria —en diálogo con la paradoja  
existencial planteada por Søren Kierkegaard— y  
como forma de performance liberadora, en  
consonancia con las reflexiones sobre identidad y  
representación desarrolladas por Friedrich  
Nietzsche y Mikhail Bakhtin.  
ABSTRACT  
This paper analyzes the redefinition of the  
mask as a democratizing literary device in 20th-  
century Latin American narrative, whose relevance  
lies in its ability to question hegemonic social  
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A partir de estas perspectivas, este trabajo  
analiza cómo dichas obras resignifican la máscara  
modernista, desplazándola desde un gesto cultural  
democratizador hacia una estrategia de  
supervivencia identitaria y política. Se propone que  
la ambivalencia de la máscara —capaz de ocultar y  
revelar simultáneamente— constituye una clave  
interpretativa para comprender la literatura  
latinoamericana como un espacio de disputa  
simbólica en torno a la identidad, el poder y la  
representación.  
Aunque Ángel Rama, en Las máscaras  
democráticas del modernismo (1985), analizó la  
máscara como una estrategia de apropiación  
cultural frente al colonialismo, persisten al menos  
tres vacíos críticos en torno a este concepto.  
En primer lugar, existe una escasa articulación  
entre la propuesta de Rama y las narrativas  
posteriores que enfrentaron formas específicas de  
opresión política y sexual. Autores como Reinaldo  
Arenas, bajo el régimen castrista, o Manuel Puig y  
José Donoso durante las dictaduras del Cono Sur,  
desarrollaron estrategias narrativas que utilizan la  
máscara no solo como recurso cultural, sino como  
forma de resistencia frente a sistemas de vigilancia,  
persecución y censura.  
En segundo lugar, persiste una tensión teórica  
no resuelta entre la visión democratizadora de  
Rama y la interpretación existencial de Søren  
Kierkegaard, quien entiende la máscara como una  
forma de alienación o desdoblamiento del sujeto.  
Esta tensión plantea una pregunta fundamental: ¿la  
máscara funciona como un gesto de agencia  
cultural o como una manifestación de fractura  
identitaria?  
Finalmente, se observa una relativa omisión de  
la dimensión corporal de la máscara. Mientras que  
en la propuesta de Rama su funcionamiento se sitúa  
principalmente en el plano simbólico y cultural, en  
las obras de Arenas, Puig y Donoso la máscara se  
materializa en cuerpos marcados por la diferencia,  
especialmente en sujetos queer, perseguidos o  
marginados, ampliando así su función política y  
estética dentro de la narrativa latinoamericana.  
forma de autoalienación, según la perspectiva  
de Søren Kierkegaard?  
 ¿Qué estrategias narrativas —como el  
testimonio,  
la  
performance  
o
la  
fragmentación— vinculan la máscara con  
formas de resistencia política y construcción  
identitaria?  
Este estudio establece un puente teórico entre  
el modernismo analizado por Ángel Rama y las  
narrativas latinoamericanas de la segunda mitad del  
siglo XX, un diálogo que permanece poco  
explorado dentro de la crítica literaria actual. A  
partir de este cruce, el trabajo propone un enfoque  
interdisciplinario que articula teoría literaria,  
filosofía —particularmente las reflexiones de  
Friedrich Nietzsche y Søren Kierkegaard— y  
estudios de género, en diálogo con los  
planteamientos de Judith Butler sobre identidad y  
performatividad.  
En este marco, la investigación busca  
comprender cómo la máscara funciona tanto como  
recurso estético, como un dispositivo simbólico  
que articula identidad, poder y representación  
dentro de la narrativa latinoamericana.  
Su relevancia social radica en visibilizar cómo  
la literatura puede articular formas de resistencia  
desde  
identidades  
marginalizadas  
particularmente sujetos queer  
o
disidentes  
políticos— que han sido históricamente  
atravesados por dinámicas de exclusión y  
violencia. Al mismo tiempo, el estudio propone un  
modelo analítico que podría aplicarse a otras  
narrativas contemporáneas, como las escrituras  
migrantes o indígenas, ampliando así el alcance  
interpretativo del concepto de máscara más allá del  
período literario aquí analizado.  
Objetivo general de este estudio fue analizar la  
función simbólica, estética y política de la máscara  
en la narrativa latinoamericana del siglo XX, con  
énfasis en las obras de Reinaldo Arenas, José  
Donoso y Manuel Puig, en diálogo con el concepto  
de máscara modernista desarrollado por Ángel  
Rama.  
¿Cómo reinterpretan Reinaldo Arenas,  
Manuel Puig y José Donoso la máscara  
modernista en contextos de represión política  
y social?  
¿La máscara, en estas obras, funciona como  
un acto de agencia cultural —en el sentido  
propuesto por Ángel Rama— o como una  
METODOLOGÍA  
Esta investigación se inscribe en un enfoque  
cualitativo, sustentado en el análisis crítico-  
discursivo de textos literarios desde una  
perspectiva interdisciplinaria que articula teoría  
literaria, filosofía y estudios culturales. El estudio  
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se apoya en el método comparativo, entendido  
como una estrategia de lectura que permite  
regímenes autoritarios, las políticas de exclusión y  
las disputas en torno a la diversidad sexual y de  
género que atraviesan los contextos de producción  
de los textos. Estos factores sociopolíticos permiten  
comprender de qué manera la máscara adquiere una  
dimensión crítica dentro de la narrativa de Reinaldo  
Arenas, José Donoso y Manuel Puig.  
examinar continuidades, desplazamientos  
y
resignificaciones del motivo de la máscara desde el  
modernismo hasta la narrativa latinoamericana del  
siglo XX.  
La revisión teórica parte del estudio de Las  
máscaras democráticas del modernismo (1985) de  
Ángel Rama, texto que constituye el eje conceptual  
del análisis. A partir de este marco, se incorporan  
DESARROLLO  
aportes filosóficos  
y
sociopolíticos que  
Este trabajo examina el concepto de la máscara  
desarrollado por Ángel Rama en Las máscaras  
democráticas del modernismo (1985) y lo contrasta  
con las diversas encarnaciones simbólicas que este  
elemento adquiere en un corpus de narrativa  
latinoamericana posterior. El objetivo central es  
establecer un diálogo crítico entre la perspectiva de  
Rama sobre la democratización cultural y las  
experiencias subjetivas de opresión y resistencia  
que se articulan en las narrativas de Reinaldo  
Arenas, Manuel Puig y José Donoso.  
La interpretación de Rama acerca del artificio  
modernista de la máscara, entendida como un  
constructo que administra “una fantasía […]  
suspendida en una triple temporalidad” (1985, p.  
101), constituye un punto de partida fundamental  
para comprender la evolución de ciertas estrategias  
narrativas en la literatura latinoamericana. Para  
Rama, este artificio operó como una fuerza  
modernizadora al permitir una apropiación  
selectiva de tradiciones culturales externas. No  
obstante, su énfasis en las dimensiones culturales y  
colectivas tiende a dejar en segundo plano la  
problematizan las nociones de máscara, identidad y  
representación, particularmente en autores como  
Søren Kierkegaard, Friedrich Nietzsche, Gianni  
Vattimo, Karl Marx y José Martí.  
Asimismo, se revisan estudios críticos y  
ensayos especializados sobre la obra de Reinaldo  
Arenas, José Donoso y Manuel Puig, con el fin de  
situar el análisis dentro del estado actual de la  
discusión académica.  
El análisis literario se desarrolla mediante una  
lectura atenta y hermenéutica de Antes que  
anochezca (1992), El lugar sin límites (1966) y El  
beso de la mujer araña (1976). En particular, se  
examinan escenas significativas, configuraciones  
de personajes y procedimientos narrativos en los  
que la máscara opera como un dispositivo  
simbólico vinculado a la identidad, la disidencia y  
la resistencia.  
Para ello, se consideran tres dimensiones  
analíticas principales:  
La máscara como estrategia narrativa de  
ocultamiento y revelación.  
La máscara como forma de construcción o  
fractura identitaria.  
La máscara como gesto performativo de  
resistencia frente al poder.  
dimensión  
íntima  
y
conflictiva  
del  
enmascaramiento.  
A partir de esta observación, el presente  
trabajo propone un cruce entre la perspectiva de  
Rama y la filosofía existencial. Se sostiene que en  
las narrativas de Arenas, Puig y Donoso la máscara  
opera en un plano dual. Por un lado, funciona como  
un instrumento de resistencia política que permite  
visibilizar identidades marginalizadas y cuestionar  
los discursos hegemónicos. Por otro, emerge como  
el indicio de una fractura identitaria característica  
de la modernidad. En este segundo sentido, influido  
por la concepción de la angustia en Søren  
Kierkegaard, la máscara deja de ser un simple  
disfraz adoptado voluntariamente para convertirse  
en la manifestación externa de un sujeto escindido,  
que representa una identidad precisamente porque  
su núcleo se encuentra en permanente crisis.  
A partir de estas lecturas, se establecen  
relaciones entre la concepción modernista de la  
máscara como estrategia de democratización  
cultural —propuesta por Ángel Rama— y su  
posterior resignificación en la narrativa  
latinoamericana del siglo XX como forma de  
supervivencia identitaria y política en contextos  
represivos. Este contraste permite identificar tanto  
continuidades conceptuales como desplazamientos  
históricos, estéticos y políticos en el uso literario de  
la máscara.  
El estudio incorpora una contextualización  
histórica de las obras analizadas, atendiendo a los  
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En la lectura de Rama, la máscara modernista  
se vincula con un proceso de asimilación crítica de  
modelos culturales dominantes. En El lugar sin  
límites (1966), de José Donoso, el travestismo —  
encarnado en el personaje de La Manuela— puede  
interpretarse como una máscara que revela las  
tensiones de género y clase en la sociedad rural  
chilena, otorgando visibilidad a identidades  
tradicionalmente marginadas. De modo similar, en  
Antes que anochezca (1992), Reinaldo Arenas  
recurre a la forma autobiográfica como una  
máscara narrativa que permite denunciar la  
represión del régimen castrista, transformando la  
experiencia individual en un testimonio de alcance  
colectivo. Por su parte, en El beso de la mujer  
araña (1976), Manuel Puig explora la  
performatividad del género como una máscara con  
implicaciones políticas, donde el cine y el deseo  
queer funcionan como espacios de resistencia  
frente al autoritarismo militar. En sintonía con la  
lógica propuesta por Rama, estas obras  
desestabilizan discursos opresivos desde los  
márgenes y demuestran que el enmascaramiento  
puede operar como una estrategia tanto de  
supervivencia como de emancipación.  
Sin embargo, esta lectura liberadora de la  
máscara entra en tensión con la advertencia  
existencial formulada por Søren Kierkegaard. La  
máscara puede implicar una forma de alienación  
del sujeto respecto de su propia identidad. La  
cuestión que emerge es si la máscara constituye un  
acto de agencia o, por el contrario, una renuncia a  
la autenticidad. En la obra de Donoso, por ejemplo,  
el personaje de La Manuela encarna esta  
ambivalencia: su travestismo puede leerse  
simultáneamente como un gesto subversivo frente  
a las normas de género y como una condición que  
lo condena a la marginalidad social.  
ficcionalizaciones— puede interpretarse como el  
único medio posible para expresar una verdad  
histórica marcada por la persecución política y  
sexual.  
Desde un enfoque materialista, Karl Marx  
introduce otra dimensión crítica al interpretar la  
máscara como un recurso ideológico que  
contribuye a naturalizar relaciones de poder. En el  
contexto rural representado por Donoso, el  
patriarcado y el orden social dominante se  
presentan como estructuras “naturales”, mientras  
que la identidad queer de La Manuela aparece  
estigmatizada como una anomalía. Este contraste  
revela cómo ciertas identidades son legitimadas  
socialmente mientras otras son marcadas como  
artificiales o desviadas.  
La ambivalencia de la máscara —entre  
emancipación y alienación— encuentra además un  
correlato  
en  
los  
procesos  
históricos  
latinoamericanos. Como advierte José Martí, la  
modernidad en la región fue “una época de  
elaboración y transformación espléndidas […] el  
tiempo de las vallas rotas” (1986, p. 25). Esta  
imagen alude al colapso de estructuras coloniales y  
a la emergencia de identidades fragmentadas que,  
como los personajes de Donoso, Arenas y Puig, se  
ven obligadas a negociar su lugar en un orden  
social inestable.  
Desde esta perspectiva, la máscara se convierte  
en un espacio simbólico donde convergen lo  
individual y lo colectivo. Como señala Castro  
(2017), “la identidad, en tanto naturaleza  
simbólica, aparece en el nacimiento mismo de la  
máscara y no con el nacimiento biológico […] el  
acto de travestirse se constituye como una forma de  
construcción de una neosubjetividad” (p. 16). En  
Antes que anochezca, esta lógica se manifiesta  
cuando Arenas recurre a diversas máscaras  
literarias —testimonio, autobiografía, ficción—  
para evadir la censura y narrar experiencias que de  
otro modo quedarían silenciadas.  
La máscara se consolida en estas narrativas  
como un mecanismo paradójico, un recurso que  
oculta para poder revelar. Bajo contextos de  
opresión política y social, el enmascaramiento  
permite expresar verdades que el poder intenta  
suprimir. Así, la máscara se convierte en un  
dispositivo central para comprender cómo la  
literatura latinoamericana articula experiencias de  
resistencia y negociación identitaria.  
Para Gianni Vattimo, “el problema de la  
máscara es el problema de la relación entre esencia  
y apariencia” (1974, pp. 11–12). Esta formulación  
amplía el dilema planteado por Kierkegaard y abre  
la posibilidad de pensar la máscara también como  
una forma de constitución del sujeto.  
Una perspectiva distinta se encuentra en la  
obra de Friedrich Nietzsche, quien sostiene que  
“todo lo que es profundo ama el disfraz” (1974, p.  
5
54). La máscara deja de ser una simple oposición  
entre verdad y mentira para convertirse en una  
condición misma de la expresión. En Antes que  
anochezca, por ejemplo, el relato autobiográfico de  
El tránsito de la máscara entre lo colectivo —  
asociado al modernismo y a los proyectos  
Arenas  
—con  
sus  
exageraciones  
y
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culturales nacionales— y lo personal —vinculado  
a cuerpos disidentes, queer o marginales—  
constituye una clave interpretativa para  
comprender la narrativa latinoamericana del siglo  
XX. En este proceso, la máscara deja de ser  
únicamente un artificio simbólico para convertirse  
en un síntoma histórico donde se inscriben las  
tensiones de sociedades en transformación.  
apropiación crítica que ayudó a reformular las  
identidades culturales del continente.  
El enmascaramiento funciona como un  
mecanismo estético que también posee  
implicaciones políticas. Como señala Rama, los  
modernistas, al adaptar formas culturales externas,  
llevaron a cabo un proceso que puede interpretarse  
como un gesto de descolonización simbólica. La  
máscara permitió así cuestionar las jerarquías  
culturales dominantes y abrir un espacio de  
representación para sujetos y experiencias que  
habían sido históricamente marginados.  
Análisis de las máscaras literarias: teatralidad,  
disidencia y ambigüedad  
La obra de Reinaldo Arenas se apropia de la  
Esta lógica encuentra un eco en la narrativa de  
Arenas. En Antes que anochezca, el relato  
autobiográfico funciona como una máscara  
narrativa que permite articular la experiencia  
individual dentro de un marco de denuncia política.  
La afirmación del autor —“Yo ya no existía. No era  
joven [...] Siempre he considerado un acto  
miserable mendigar la vida como un favor. O se  
vive como uno desea, o es mejor no seguir  
viviendo” (1996, p. 8)— pone de relieve la tensión  
entre autenticidad y supervivencia que atraviesa su  
escritura. La máscara literaria se convierte en  
recurso que permite expresar una verdad histórica  
marcada por la persecución política y sexual.  
Esta función subversiva de la máscara  
adquiere nuevas dimensiones en la narrativa de  
Manuel Puig. En El beso de la mujer araña (1976),  
la máscara se convierte en un dispositivo narrativo  
que cuestiona las jerarquías de género, sexualidad  
y poder en el contexto de la dictadura argentina. La  
relación entre Molina —encarcelado por su  
homosexualidad— y Valentín —un militante  
revolucionario— permite explorar cómo las  
identidades marginalizadas negocian su existencia  
dentro de un sistema represivo.  
estrategia  
modernista  
de  
la  
máscara,  
transformándola en un mecanismo dual de  
contestación política y apertura discursiva. A través  
de esta operación, su narrativa construye un  
espacio literario que permite la emergencia de  
subjetividades excluidas y perseguidas tanto por el  
Estado como por la norma heterosexista. Estos  
desplazamientos dialogan con la estrategia  
modernista de otorgar visibilidad a sujetos  
históricamente marginados, aunque se distancian  
de ella por su contexto político y por la centralidad  
de la experiencia individual frente a la dimensión  
colectiva que predominaba en el modernismo.  
La afirmación de Arenas: “Aunque ya no era  
permitido ponernos caretas ni disfraces, por lo  
menos podíamos reírnos y emborracharnos;  
sabíamos que aquello no se repetiría y había que  
extraer el máximo de gozo” (1996, p. 84), sintetiza  
el uso paradójico de la máscara. Incluso en un  
contexto de represión, el disfraz puede abrir breves  
espacios de autenticidad, placer y resistencia. De  
este modo, la máscara funciona simultáneamente  
como mecanismo de ocultamiento y como gesto de  
afirmación subjetiva, estableciendo un puente entre  
las experiencias colectivas del modernismo y las  
luchas individuales que atraviesan la obra de  
Arenas.  
En esta novela, los relatos cinematográficos  
que Molina narra funcionan como máscaras  
narrativas que transforman la experiencia del  
encierro. Lo que en apariencia constituye una  
evasión melodramática se convierte en un lenguaje  
cifrado de resistencia. El cine, el kitsch y los  
folletines sentimentales operan como estrategias  
que permiten reconfigurar la realidad carcelaria y  
abrir un espacio de comunicación entre los  
personajes.  
En Las máscaras democráticas del  
modernismo, Ángel Rama define la máscara como  
un dispositivo estético mediante el cual los  
escritores modernistas construyeron una identidad  
literaria capaz de articular lo local y lo universal.  
Según Rama (1985), “la máscara es una  
herramienta que permite  
a
los poetas  
latinoamericanos construir una nueva identidad  
artística al adoptar una representación que refleja lo  
local y lo universal” (p. 56). La adopción de  
modelos culturales europeos implicó un proceso de  
La figura de la mujer araña sintetiza este  
mecanismo. La máscara plateada que Molina  
describe —“no puede moverse, atrapada en la  
telaraña que le crece del cuerpo” (Puig, 1976, p.  
1
93)— funciona como metáfora de una identidad  
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atrapada entre visibilidad y vulnerabilidad. La  
máscara, en este sentido, expone la estructura de  
poder que intenta definir la identidad del sujeto.  
Graciela Goldchluk señala que esta  
Síntesis comparativa: la máscara como  
resistencia narrativa  
El concepto de máscara elaborado por Ángel  
Rama, más allá de constituir una estrategia propia  
del modernismo, mantiene una notable vigencia en  
la narrativa latinoamericana posterior. Los autores  
analizados adoptan y resignifican este recurso,  
transformándolo de un procedimiento estilístico en  
un instrumento de crítica sociopolítica. A través de  
él, cuestionan las estructuras autoritarias,  
“visibilidad extrema” de los personajes queer suele  
ser interpretada como frivolidad, cuando en  
realidad constituye una amenaza para sistemas  
políticos que buscan regular las formas de  
subjetividad. El histrionismo de Molina, lejos de  
ser un gesto superficial, funciona como un  
mecanismo de supervivencia que simultáneamente  
protege al sujeto y denuncia la violencia normativa  
que lo rodea.  
Esta ambigüedad se radicaliza en El lugar sin  
límites (1966) de José Donoso. En esta novela, el  
personaje de La Manuela encarna la máscara como  
un territorio donde convergen subversión y  
vulnerabilidad. El travestismo del personaje no  
solo constituye una performance de género, sino  
también una estrategia para negociar su existencia  
dentro de una estructura social profundamente  
patriarcal.  
desestabilizan los relatos hegemónicos  
y
cartografían identidades disidentes que se sitúan  
fuera de las normativas dominantes.  
En este sentido, la máscara opera en múltiples  
niveles: como mecanismo de transformación  
estética, como postura ética y política y como  
representación simbólica de una sociedad  
atravesada por opresiones y desigualdades. Al  
enmascarar y desenmascarar identidades, estos  
escritores construyen un espacio narrativo donde  
las categorías de género, sexualidad y poder  
La máscara se manifiesta tanto en el maquillaje  
y la teatralidad del personaje como en la propia  
estructura narrativa de la novela, que fragmenta las  
pueden ser negociadas, cuestionadas  
resignificadas.  
y
Esta  
dimensión  
subversiva  
puede  
perspectivas  
y
multiplica las voces. Esta  
comprenderse también a partir de la teoría del  
carnaval desarrollada por Mikhail Bakhtin (1974),  
quien señala:  
multiplicidad funciona como una máscara textual  
que revela y oculta simultáneamente las dinámicas  
de poder que atraviesan el relato.  
Las reflexiones de Judith Butler permiten  
iluminar esta dimensión performativa, pues la  
identidad de género son el resultado de prácticas  
reiteradas que producen la ilusión de estabilidad.  
La performance de La Manuela puede interpretarse  
como una máscara que expone el carácter  
construido de las normas de género.  
La esencia del carnaval es una resistencia al  
orden establecido; en él se manifiestan las  
formas populares de resistencia que, de manera  
efímera pero potente, pueden crear un espacio  
en el que la normalidad se cuestiona y se  
produce una verdadera transformación  
temporal de la sociedad. (p. 124)  
La máscara en la narrativa de Donoso opera  
como un artificio literario, pero también como una  
grieta que visibiliza las tensiones entre norma y  
disidencia. La figura de La Manuela revela cómo  
las identidades marginalizadas deben negociar  
constantemente su existencia dentro de estructuras  
sociales que buscan disciplinarlas o eliminarlas.  
En conjunto, las obras de Arenas, Puig y  
Donoso muestran que la máscara en la narrativa  
latinoamericana del siglo XX trasciende su función  
estética para convertirse en un dispositivo que  
articula experiencias de disidencia, resistencia y  
negociación identitaria. Lejos de ser un simple  
recurso de ocultamiento, la máscara funciona como  
un mecanismo paradójico que permite expresar  
aquello que el poder intenta silenciar.  
Desde esta perspectiva, la máscara  
carnavalesca trasciende el mero ocultamiento para  
convertirse en un mecanismo de inversión  
simbólica. Dentro de la tradición literaria  
latinoamericana, funciona como un dispositivo  
narrativo capaz de desarticular jerarquías sociales y  
convenciones estéticas, invitando al lector a una  
interpretación activa en la que lo aparente y lo  
esencial se entrelazan de forma dialéctica.  
Este procedimiento cuestiona dicotomías  
rígidas —como autenticidad y artificio, o lo  
privado y lo público— y redefine la literatura como  
un espacio de negociación crítica entre el sujeto y  
la colectividad, entre lo local y lo global, así como  
entre la producción estética y la dimensión política  
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de la cultura. En este marco, la máscara revela que  
tanto la identidad como la realidad son  
construcciones performativas en constante disputa  
simbólica.  
CONCLUSIONES  
La máscara, lejos de ser únicamente un recurso  
narrativo o estético, emerge en la narrativa  
latinoamericana como una respuesta crítica frente a  
contextos de opresión que buscan regular la  
sensibilidad, el cuerpo y la identidad. Es un  
símbolo de emancipación cultural y política que  
abre la posibilidad de construir una identidad  
literaria y social tanto individual como colectiva.  
En los contextos de represión analizados, la  
máscara trasciende su función de ocultamiento para  
convertirse en un vehículo de transformación  
subjetiva. Más que esconder al sujeto, permite un  
desplazamiento desde identidades impuestas por  
las coerciones sociales hacia posiciones afirmadas  
—aunque sean tácticas o precarias— desde la  
agencia individual.  
La metáfora de la máscara, tal como se  
manifiesta en las obras analizadas, trasciende su  
función como artificio estético para convertirse en  
un instrumento fundamental de subversión y  
resignificación identitaria en contextos marcados  
por la opresión y la normatividad. Los autores  
estudiados, en diálogo con las reflexiones  
modernistas examinadas por Rama, utilizan la  
máscara como un mecanismo simultáneo de  
ocultamiento y revelación que desafía las  
estructuras de poder y las convenciones sociales  
dominantes. De este modo, la máscara abre un  
espacio de resistencia simbólica en el que las  
identidades marginadas pueden expresarse,  
negociar su lugar en la sociedad y reconfigurar sus  
formas de existencia.  
En este sentido, resulta significativa la  
reflexión de Françoise Frontisi-Ducroux (1995):  
En este punto resulta pertinente recordar la  
reflexión de Max Horkheimer en Dialéctica de la  
Ilustración: “Es un marginado, y ser marginado es,  
exceptuando a veces los delitos de sangre, la culpa  
más grave” (1988, p. 195). Esta afirmación pone de  
relieve la compleja relación entre marginalidad y  
culpa dentro de los sistemas sociales normativos.  
Aquellos sujetos que se ven obligados a adoptar  
máscaras —los sujetos disidentes o excluidos— no  
solo son percibidos como “otros”, sino como  
portadores de una transgresión simbólica por el  
simple hecho de existir fuera de las normas  
establecidas.  
La máscara que se llevaba no escondía la cara  
que recubría. La suprimía y la reemplazaba.  
Bajo la máscara dramática, la cara del actor,  
sustituida a la vista, es abolida y su identidad  
propia […] cede su plaza a la del personaje que  
encarna. (1995, p. 65)  
La potencia de la máscara reside en su  
capacidad de producir nuevas formas de identidad.  
La máscara anula lo preexistente para instaurar una  
presencia distinta, convirtiéndose así en un  
instrumento de resistencia simbólica que permite  
revelar potencialidades inéditas del sujeto. De este  
modo, la máscara transforma las narrativas  
literarias y las formas en que las subjetividades  
pueden pensarse y representarse dentro de un  
horizonte más amplio de liberación sociocultural.  
La figura del marginado se transforma en un  
emblema de resistencia. Condenado  
a
la  
invisibilidad o a la exclusión, el uso de la máscara  
se convierte en un acto de afirmación frente a las  
estructuras sociales y políticas que intentan negar  
su humanidad. La máscara se vuelve entonces un  
espacio de tensión entre autenticidad y artificio,  
donde las subjetividades se transforman y desafían  
las categorías fijas de género, sexualidad y poder.  
La literatura de la máscara, al igual que las  
tradiciones carnavalescas descritas por Bajtín,  
subvierte jerarquías sociales y abre la posibilidad  
de una libertad simbólica para los sujetos  
marginados. Al hacerlo, invita al lector a participar  
en un diálogo permanente entre revelación y  
ocultamiento, donde las identidades y las verdades  
sociales aparecen como construcciones inestables y  
siempre susceptibles de ser reconfiguradas.  
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