South American Research Journal, 6(1), 5-13
https://www.sa-rj.net/index.php/sarj/article/view/100
https://doi.org/10.5281/zenodo.20739635 6
pesar de que se ha mejorado el proceso de abaste-
cimiento de medicamentos, no se realiza un control
sistemático de la dispensación, lo que afecta su uso
adecuado (Ortiz et al., 2014). Esto provoca un au-
mento en el consumo irresponsable de medicamen-
tos, adición o sustracción de fármacos en un trata-
miento farmacológico o consumo erróneo de fár-
macos. Además, los problemas de automedicación
o de mal uso de los tratamientos farmacológicos se
dan porque el paciente consigue su medicación
desde fuentes no médicas, como recomendaciones
de vecinos, familiares o personal de farmacia que
no está capacitado. En Ecuador, no es obligatorio
contar con estudios formales en farmacia para la-
borar en un establecimiento farmacéutico, lo que se
ha relacionado con el uso inadecuado de medica-
mentos. Estos antecedentes permiten identificar
dónde priorizar la atención para mitigar el pro-
blema, pues la formación continua de los profesio-
nales y del personal de farmacia es importante para
una mejor gestión de salud (Luiza et al., 2019).
Entre los motivos más frecuentes de automedi-
cación se encuentra el dolor, en particular dolor de
cabeza, gripe y congestión nasal, dolor abdominal
y dolor muscular. Según estudios previos, en 1 de
cada 3 casos no se exige receta para vender un me-
dicamento, por lo que el consumo de medicamen-
tos va más allá de los de venta libre (Martínez et
al., 2013). Solano et al. (2017), en su estudio sobre
medicamentos de venta libre, mencionan que el
Centro Nacional de Control de Intoxicaciones re-
porta al paracetamol como el medicamento que
más intoxicaciones genera en Costa Rica, seguido
de medicamentos combinados para la gripe.
Dentro del ámbito profesional y de gestión de
medicamentos, la dispensación de medicamentos y
productos sanitarios es la actividad profesional bá-
sica del personal de farmacia y concentra la mayor
cantidad de actuaciones en el servicio comunitario;
se orienta a que los pacientes reciban y utilicen sus
tratamientos farmacológicos de acuerdo con sus
necesidades clínicas y en el tiempo adecuado (Ba-
rreiro et al., 2021). En la actualidad se presentan
cambios en referencia a las disciplinas de salud, los
cuales han tenido impacto en la formación de com-
petencias, entre ellas las habilidades y técnicas ba-
sadas en la experiencia y práctica clínica, sobre
todo en personas afines o relacionadas con el área
farmacéutica. Según la Organización Mundial de la
Salud (OMS) y la Federación Farmacéutica Inter-
nacional (FIP), la función del farmacéutico es par-
ticipar en la mejora de la salud, mediante la
educación y orientación al paciente para un mejor
uso de los medicamentos y productos farmacéuti-
cos (Garcés, 2024). Por ello, la misión del personal
de farmacia es apoyar en la mejora de la salud a
nivel general y ayudar a que los pacientes hagan el
mejor uso de los medicamentos. Entre sus objetivos
se encuentran identificar, gestionar o detectar pro-
blemas de salud, asegurar la eficacia de los medi-
camentos, prevenir el daño causado por medica-
mentos y realizar un uso responsable de los recur-
sos en la atención farmacéutica (Baixauli et al.,
2013); estas actividades demandan una formación
continua de las competencias profesionales, mante-
niendo habilidades y experiencias actualizadas
(FIP/OMS, 2012), que permitan la prestación de
servicios profesionales de carácter asistencial.
La capacitación es entendida como una manera
de hacer operativas las habilidades de formación
del talento humano de una empresa, mediante una
formación relacionada con ámbitos que benefician
el desempeño de los cargos (Rojas y Paniagua,
2013). En el caso de la oficina de farmacia, se exige
capacitación y entrenamiento constante para cum-
plir con los objetivos institucionales. Aunque la
evidencia sugiere que la adquisición de conoci-
mientos sobre un tema no garantiza un mejor
desempeño, este se respalda con la aplicación de
saberes, competencias y experiencias adquiridas.
Un ejercicio profesional actualizado potencia la ca-
lidad de atención y la protección al paciente (Gue-
rra, 2025).
La capacitación en el área de salud es una es-
trategia que genera herramientas para reducir el uso
irracional de medicamentos. Se ha demostrado que
las acciones de educación en salud son beneficiosas
en el contexto escolar y en comunidades que tienen
afinidad con las actividades sanitarias (Nagem et
al., 2020). Por lo general, las cátedras y normativas
referentes a la salud son impartidas por personas
que dominan el área, pero carecen de estrategias
para transmitir de forma eficiente, comprensiva y
constructiva el conocimiento (Hidalgo et al., 2017).
En cambio, las representaciones más agradables y
amenas sugieren un mejor aprendizaje que los tex-
tos o normativas tradicionales, ya que se retienen
por períodos más largos y constituyen un medio
más preciso, memorable y agradable (Negrete,
2002).
Fernández (2024) manifiesta que existen va-
rios antecedentes que evidencian un déficit de ca-
pacitación de los asistentes de farmacia, la presen-
cia de errores en la dispensación, el